“Lean. No se imaginan el placer que van a sentir. Lo digo con mucha convicción porque tengo hijos, uno de ellos va al instituto, y lo de la lectura se ha convertido en un combate. Y este combate lo llevamos a cabo con Marc Ladreit de Lacharrière, con Luce Perrot, con Éric Reinhart, que está aquí, con todos los periodistas que están presentes aquí y escriben. No es para molestarlos, no es para darles lecciones de moral, no es para obligarlos a hacer actividades duras. La lectura es un placer inmenso que va a desarrollar su imaginación, que les va a permitir abrirse a mundos radicalmente nuevos en los que no habrían entrado si no fuera por las palabras, que les va a permitir entender quiénes son, que va a poner palabras a aquello que sienten y que ni siquiera saben sobre ustedes. Y que una persona totalmente desconocida a la cual nunca han visto y a la que probablemente nunca vean les susurrará al oído, en el silencio de la lectura, cosas que nunca habrían comprendido sobre ustedes si no las hubieran leído.
”Aprendemos más sobre el deseo de aventura leyendo Robinson Crusoe que yéndonos de viaje. Aprendemos más sobre el deseo y los celos, a veces en la base del deseo, leyendo Albertine desaparecida o La prisionera que por la experiencia propia. Y cunado uno mismo tenga celos porque quiere a alguien que no le quiere a él, basta con leer a Proust para entender ese sentimiento, para ponerle palabras. Y esas palabras los van a calmar porque los harán comprender que forman parte de una comunidad que siente las mismas cosas, que no están solos.
”Ésa es la singularidad de la lectura: es una actividad solitaria que los abre al resto del mundo. Están solos, pero nunca están tan cerca de los demás como cuando leen un libro. A todos los jóvenes que nos escuchan: lean. Aléjense de las pantallas. Salgan de las pantallas. Las pantallas los devoran, la lectura los alimenta. Ésa es la diferencia. Las pantallas los vacían, los libros los llenan. Ésa es la diferencia.
”Está claro que es un combate. Porque las pantallas son lo fácil, captan tu atención, te atrapan, y además están muy bien organizadas. Saben darles, como a las ratas, pequeños estímulos nerviosos cada cinco segundos, cada diez segundos, que los obligan a seguir pegados a la pantalla. Pero, por desgracia, eso no les permitirá desarrollar su libertad. La literatura es un arma de libertad. Y las pantallas… no todas, aquí no hablo de pantallas de cine, hablo de las pantallas de los gigantes digitales, pueden convertirse muchas veces en instrumentos de sometimiento. Las pantallas los pueden someter en su consumo, en su comportamiento, en sus prácticas o en sus gestos para orientar sus pensamientos.
”La literatura les da libertad. Las palabras les dan libertad para construirse y ser quienes son. Se lo digo a todos los estudiantes que nos escuchan: cada uno de ustedes es único. La literatura y los libros les permitirán descubrir hasta qué punto son únicos. Cada persona es única, y es la literatura la que nos lo enseña.”
 
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=DVXkHNsKYIo
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