Buenas tardes, quiero saludar a todos los miembros del presídium. También a profesores, estudiantes de los varios trayectos académicos que hoy nos convocan y público en general. Soy orgullosamente representante del grupo del Diplomado de Edición de Libros para Niños y Jóvenes.
Hoy este acto marca el fin de uno de los caminos más importantes que hemos tenido la mayoría, y en este final compartimos toda una alegría, aquella por conseguir una meta personal que cada uno se propuso hace unos meses.
* Foto: Editamos
Juan Villoro dijo: “Lo más importante de los libros son las manos que los entregan”, y esa es una de las enseñanzas principales que considero nos dio este diplomado; ese es el pilar que debemos tener todos los implicados en la elaboración de un libro. Trabajar en lo que hacemos con el corazón, entregar una parte de nuestra vida en el eslabón que nos corresponde estar en la gran cadena de elaboración de un libro, ya sea como autores, editores, correctores, ilustradores, diseñadores, coordinadores o promotores.
Me gustan las retrospectivas porque nos invitan a apreciar lo que ha ocurrido, y como dijo Federico García Lorca “Me gusta tanto la palabra recuerdo. Es una palabra verde, jugosa. Mana sin cesar hilitos de agua fría”. Y por eso me remontaré a la primera sesión del diplomado. Llegué ese día tan apurada desde mi lugar de trabajo en el caótico centro de esta ciudad, y la primera persona que me habló en el salón fue Sandra Cara, la extraordinaria Coordinadora Académica del diplomado. Su trato cordial me provocó de inmediato confianza, algo que aplaudo y reconozco totalmente. Después, se fueron incorporando uno a uno los demás estudiantes del diplomado y pensé: “¡Oh, no, una marea de millenials! Y pues ya saben lo que generalmente decimos los que estamos por edad más arriba en la cadena humana de la alimentación: ¡Millenials, corramos! Pero, desde esa primera sesión, me percaté que mi percepción era errónea, y así cada sesión siguiente, porque tengo que reconocer que, en lo personal, este grupo me sorprendió gratamente. La mayoría son jóvenes con una trayectoria reconocida en el gremio editorial, inteligentes, propositivos, creativos y, además, seres humanos sensibles.
Otra enseñanza importante es que la diversidad siempre es sinónimo de riqueza. El grupo de este diplomado destacó por eso, por estar formado por ilustradores, diseñadores, coordinadores, correctores y editores. Escuché voces nuevas, ideas extraordinarias, experiencias increíbles, escritos magníficos y uno que otro grito de inconformidad que también es válido. Lo que quiero decirles es que aprendimos mucho, y eso es lo trascendental en la vida.
Cada uno de nosotros ha dejado su propia marca, ya sea por una presentación en clase, por una respuesta que dio a una pregunta de un profesor, por ese mal chiste acerca de los libros, o por la huella que hemos dejado los unos a los otros, simplemente por el hecho de habernos conocido.
Y qué decir de los profesores. En cada sesión nos regalaron sus experiencias y conocimientos, además no fueron cualquier tipo de profesor, sino expertos en la elaboración de libros. De cada clase, sé que no sólo yo sino mis compañeros también salíamos con ansias de comernos el mundo, de investigar, de leer más y más libros destinados a niños y jóvenes. Quiero expresarles que los integrantes del grupo de este diplomado reconocemos enormemente a cada profesor que nos regaló su tiempo y sabiduría.
Por supuesto, no me quiero olvidar en este acto de aquellas personas que nos ayudaron tanto en este diplomado, quienes contribuyeron a que esta etapa haya sido más fácil y que nos apoyaron siempre, Sandra Cara y Lety Arellano, simplemente muchas gracias por su confianza y entrega.
Finalmente, hay un pasaje en uno de los libros icónicos de la Literatura para Niños y Jóvenes que siempre me gusta rememorar. Cuando Alicia cae en la madriguera del conejo y va descendiendo, mira estantes, libros que se abren y cierran, mapas, cuadros y hasta un frasco de mermelada de naranja; pues bien, algo similar ocurre con los libros para niños y jóvenes: una vez que entras, ya no puedes salir de ese mágico, divertido y apasionante país de las maravillas.
Un abrazo fuerte a todos los que participamos en este diplomado y a mis compañeros la enhorabuena que nos merecemos. Gracias.
*Foto: Editamos